COLOQUIO

 

 

“AQUÍ ESTOY,
PORQUE ME LLAMASTE”

Es deliciosa la escena en la que el Libro de Samuel describe la vocación del Profeta, niño todavía.
Por tres veces una noche el futuro Profeta, que desde muy pequeño había sido con sagrado al servicio del Santuario de Silo, y que por tres veces se había sentido llamado por su nombre, se presentó ante el Sumo Sacerdote Helí, diciendo:

—“¡Aquí estoy, porque me llamaste!” (1 Sam 3,5.6.8).
Helí no le había llamado, sino el Señor.
Por eso la frase del niño Samuel es muy a propósito para que cada uno de nosotros la repita, cuando está ante el Señor en el Sagrario.
No estamos ante El por elección propia. A veces nos creemos que sí.
Pero nos equivocamos. Jesús dijo: “No me elegisteis vosotros a Mi; fui Yo quien os eligió a vosotros” (Juan 15,16).

Así es en verdad.
No es mérito mío haberte conocido y seguido. Y no es conquista mía esta audiencia que Tu, Señor, generosamente me concedes.
Tu has hecho que yo conozca y aproveche esta realidad de tu Presencia, mientras hay tantos que no la conocen o no se sienten atraídos por Ella.
Tu te has dignado descender a este Sagrario, y te has sentado conmigo en este amable rincón, suavemente iluminado por la luz de la lamparilla que día y noche Te acompaña en el Tabernáculo.
Este trato de favor que me dispensas es una prueba de tu predilección. Te has fijado en mí, me has llamado por mi nombre como a Samuel, y me has invitado a conversar. Por eso, como el, he dicho y te repito:

— ¡Aquí estoy, porque me has llamado!
Solo que queda preguntarte: ¿Para qué me has llamado?
Cuando elegiste a los Doce, dice 5. Marcos que los llamaste “para que estuvieran contigo y para enviarlos a predicar” (Mc 3,14).
Estar contigo es ya dulce Paraíso aquí. Y estar contigo para siempre será el Paraíso definitivo.
Para predicar valgo muy poco.
Me pasa lo que a Jeremías, que “no sé expresarme, porque soy un muchacho” (Jer 1,6), o como a Moisés, que “soy torpe de palabra” (Ex 6,12).
Pero Tu nos aseguraste que “lo que pidiéremos al Padre en tu nombre nos será concedido” (Juan 15,16).
Y eso, sí, puedo hacerlo.
Sin merecerlo —porque Tu así lo has querido, y para eso me has traído aquí— me siento, a través de -Ti, abogado eficaz de las causas de los hombres ante Dios.
En tu nombre pido al Padre para todos el don de aprovechar el beneficio de tu Presencia corporal entre nosotros.

+Salvador Muñoz Iglesias

N.° 27/Abril - Junio 2008