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LA
EUCARISTÍA EN LA HISTORIA
DE LAS CONVERSIONES
EL
tema de las conversiones a la Iglesia Católica es
siempre actual, por que siempre se dan y porque
sus motivos iluminan de forma nueva y más viva la
verdad que la Iglesia ha recibido de Cristo, única
Verdad y Vida. Las recientes conversiones de Tony
Blair, expresidente del Gobierno de Gran Bretaña,
y la de Magdi Allam, periodista italiano, nos
hacen volver a un libro que probablemente no ha
sido reeditado: “La Eucaristía en la historia
de las conversiones”, del P. Victorino
Capánaga O.R.S.A. (manejo la 3 edición de
Ediciones STUDIUM, Mayo 1952). Pero, en todo caso,
una reseña del mismo cabe perfectamente en LA LAM
PARA, y puede ser útil para avivar nuestra
devoción a la Sma. Eucaristía; aun que será
necesariamente un escaso reflejo de la obra del P.
Capánaga (con sus 250 págs.)
Las conversiones
El P. Victoriano Capánaga es —o era, al menos—
considerado como uno de los mejores expertos sobre
S. Agustín, su vida y su obra. Sirvan como ejemplo
sus libros publicados en la BAC: “Agustín de
Hipona, maestro de la conversión cristiana”, del
año 1974, insustituible introducción a la figura y
enseñanzas del Santo Obispo africano y buen
compendio de su pensamiento (es un tomo de 470
págs. de tamaño mayor), y la reeditada obra
“menor” “Pensamientos de S. Agustín”, 1977,
en la colección Minor de la Editorial Católica.
De alguna manera paralela a la obra que aquí nos
ocupa, es la obra suya “La Virgen en la
historia de las conversiones”.
El hilo conductor de todas sus páginas es la
doctrina y experiencia de S. Agustín (quizá,
después de S. Pablo, el más célebre converso de la
historia de la Iglesia). Así, en los 5 primeros
capítulos de la 1ª parte trata directamente de la
conversión. El título de la 2 parte: «Historias de
convertidos», expresa claramente su contenido. No
pretende aparecer como original; aparte de su
deuda con 5. Agustín en lo que se refiere al
análisis del proceso de la conversión (con todo su
entramado: el hombre explorador de la verdad, la
necesidad de la gracia. Cristo médico del hombre
caído...) ya en la 1ª parte son innumerables las
citas de autores que han tratado el tema, ya sea
en general o como testigos de diversas
conversiones. Y, naturalmente, es constante el
recurso a los testimonios de los mismos conversos
en sus escritos autobiográficos.
Recoge, además, lo que autores diversos han
estudiado sobre con versiones a la Iglesia
Católica en distintas épocas. P.e. de Severín
Lamping “Hombres de vuelta a la Iglesia” (quizá un
«clásico» de esta materia); David Rosenthal “Convertitenbilder”;
el conocido y reeditado en español de Rene Bazin
“Carlos Foucauld”; el “Dictionnaíre desconversions”,
de Migne. París 1882; “Prodigios de la gracia” de
Primitivo Cabrera, Méjico 1939
Naturalmente los testimonios personales son los
más interesantes y aún emocionantes. Distintos
puntos de partida y así, diversos caminos, pero,
en todo caso, a partir de otras propuestas, la
búsqueda sincera de esa necesidad del hombre que
anhela la felicidad hasta la llegada al seguro
puerto de “La Católica”.
Historias de convertidos
Constituye la 2 parte (págs. 87-246). Los
testimonios son sacados en buena parte de otros
autores ya clásicos (como indicábamos) y también
directamente de los escritos de los mismos
conversos. Son veintitrés distintas personas.
Éstos proceden del protestantismo, así la familia
del P.-Manuel Abt, Jesuíta; del anglicanismo, el
Cardenal Newman; del budismo, Lou-Tsen-Tsian,
diplomático chino fallecido en 1949; del
islamismo, Andrés Hajarca, de la isla de Java; del
judaismo. Francisca van Leer, holandesa; y el bien
conocido Hermán Cohén, fundador de la Adoración
Nocturna en París... Algunos,
inicialmente cristianos que se habían alejado de
la fe, deben su conversión al Señor presente en la
Eucaristía. Así Eva Lavalliére, que murió en 1929;
algunos anónimos (pags. 115-121). Así, más o menos
detalladamente, se nos presenta el proceso de
docenas de conversiones. Desde
la Sma. Eucaristía, la llamada de Cristo
Lo común de ellas, como promete el título de la
obra, es la devoción a la Sma. Eucaristía. Es lo
original del libro y lo más destacable para los
lectores de LA LAMPARA. Y eso sí, el binomio
conversión-Eucarístía no es un mero recurso
literario o una relación meramente simbólica.
Con San Agustín, destaca el P. Capánaga, el papel
insustituible de Jesucristo, Verbo hecho hombre,
en el camino de difícil ascenso hasta Dios.
“Andaba y buscaba camino para hallar fuerzas con
que gozase de Vos y no lo hallé hasta que me
abracé con Jesucristo, Hombre y Medianero de Dios
y de los hombres... Y porque no tenía fuerzas para
comer de tan alto manjar, El se vistió de mi
naturaleza y el Verbo se hizo carne. Mas, como yo
no era humilde, no tenía a Jesús humilde por mi
Dios, ni sabía qué era lo que con su flaqueza nos
quería enseñar” (Conf. VII 18). Él
es, sí, la Verdad y la Vida, pero también el
Camino. Y precisamente gracias a su humildad, a su
humanidad. Y es en la EUCARISTIA donde esa
humanidad se nos comunica. Ahí ejerce su oficio de
“médico celestial” (título tan repetido y querido
por S. Agustín). Las dos enfermedades del hombre
(desde el primer pecado) son la soberbia y la
sensualidad. Y, con su cuerpo. Él
nos da la humildad, y la castidad con su sangre
que se derrama para el perdón de los pecados».
Y a Jesús, el médico celestial, lo han encontrado
todos estos hombres y mujeres en el Smo.
Sacramento.
— Unos en la asistencia a la celebración de la
Misa: “Tengo que ir a ver una
Misa, me dije, y juntándome a un grupo de aldeanos
jóvenes, entré con ellos... Un sacerdote encorvado
por los aí llegó al altar... iqué emocionante era
verle!.., parecía como transfigurado con sus
blancos ornamentos bordados de oro, levantando al
cielo las manos en fervorosa oración... sonó una
campanilla; los hombres se arrodillaron...
¡yo arrodillarme!... Al fin me arrodillé... me
levanté.., ya no era el mismo de antes, era medio
católico...” (P.W. Verkade, págs. 97-107).
“Al día siguiente, domingo de Pentecostés, asistió
a la Misa mayor. Apenas entró en la iglesia,
penetrada de respeto, dijo para sí: «Dios está
aquí, lugar santo es éste». Unos instantes más
tarde pareció hallarse fuera de sí; se le cayó
enteramente la venda de los ojos... Tales fueron
los frutos de consuelo que recibió en la primera
Misa católica» (La con versión de Juan Abt e
Isabel Klein. Págs. 173-181)
— En
otros casos fue la presencia, personalmente, de
Cristo en el Sacramento y la consiguiente
adoración de los Católicos:
“Sobre todo la bendición con el Smo. Sacramento,
acompañada del antiquísimo canto del «Tantum ergo»
nos pareció cosa singular mente nueva y atrayente”
(Carlos Burkhart. Pág. 142). “¿Qué
le atrajo al catolicismo?.
—La presencia de Dios en el Smo. Sacramento
expuesto, con todos los cristianos en torno a El
que rezaban cantando. Comprendí que la adoración
es la esencia de toda nuestra vida” (un converso
del budismo, pág. 141). — También
surgió la llamada desde el deseo de la Comunión:
“Una mañana me precipité en la Iglesia del
convento y vi distribuir la Santa Comunión.
Brotaba de El una fuerza que sanaba a todos. A mí
me sanaba también, curando mi corazón débil y
enfermo. Veía a los fieles acercarse a la Mesa
Eucarística y me arrebató una verdadera hambre de
aquella «cosa blanca» de la cual no sabía ni el
nombre, pero que se me revelaba sin palabras
atrayéndome a sí con irresistible violencia”
(Verónica van Leer. Págs. 159-164).
“Teniendo nosotros tal nube de testigos” (Hebr.
12.1) se animará nuestra fe y nuestra devoción a
la Sma. Eucaristía. Y además sentiremos “que
siempre estamos necesitados de conversión.., la
conversión es un camino” (Benedicto XVI, 17 Junio
2007). Y así, la insuperable muestra de amor que
es este Sacramento, nos irá transformando
constantemente. Ángel González
Prado
N.° 27/Abril - Junio 2008
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