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EL
SALMO 1
LOS DOS CAMINOS DEL HOMBRE
Los
salmos son como una síntesis de todo el Antiguo
Testamento y, en con secuencia, miran también
hacia su cumplimento en Jesucristo. Dentro de la
espiritualidad de la Adoración Nocturna, los
salmos ocupan un lugar importante, puesto que
forman parte del Oficio de las Horas. Además la
variedad de los contenidos de los salmos (himnos
de alabanza, acción de gracias, suplicas,
meditaciones, etc.), se presta a las más diversas
situaciones en que pueda encontrarse el alma
orante. Nuestro propósito es seleccionar y
comentar algunos de los salmos que han sido
utilizados por la Liturgia o por los grandes
doctores, como santo Tomás de Aquino, en relación
con el misterio eucarístico, ya sea en forma de
promesa o profecía, ya sea como expresión de los
sentimientos del alma ante las maravillas de Dios.
No es preciso recodar que la Eucaristía es la
expresión suprema del Dios amor. De ahí que
algunos de los textos que, D.m., comentaremos son
llamados “Salmos del Dios Amor”. En este cometido
queremos recordar los libros de nuestro llorado D.
Salvador Muñoz Iglesias que tanto se es forzó por
desentrañar el sentido eucarístico de los salmos.
Comenzamos con el salmo primero que es como una
introducción a todo el Salterio. He aquí el texto:
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Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra en la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos,
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche.
Será como árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin.
No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
En el juicio los impíos no se levantarán,
ni los pecadores en la asamblea de los justos;
porque el Señor protege el camino de los
justos,
pero el camino de los impíos acaba mal. |
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En este salmo se contraponen los dos caminos que
el hombre puede seguir: el camino del bien, o el
camino del mal. Esta doctrina de los dos caminos,
será también objeto de la enseñanza de Jesucristo
en el Sermón de la Montaña y forma parte de la
catequesis primitiva como preparación al bautismo.
El camino de la vida
En la primera parte del salmo, como podemos ver,
se proclama la dicha de la persona que sigue l
camino del Señor. Esa dicha se describe primero
indicando que el fiel no participa en la
mentalidad y en las acciones de los impíos.
Seguidamente se nos dice que esa dicha está en
gozarse de la ley del Señor y en meditarla día y
noche. En otras palabras, la dicha del que ha
entrado por el camino de la vida, tiene su centro
en la Palabra de Dios, que viene a ser su gozo y
su alimento. El rasgo que a continuación se indica
(“será como árbol plantado al borde de la
acequia”), nos lleva a la raíz profunda de esa
dicha y de
ese gozo. La vida del creyente se nutre del agua
viva que corre por la acequia de Dios. Sin duda
ese agua viva, además de la Palabra de Dios es la
fuente de la Eucaristía. De ella ha dicho Jesús:
“Yo soy el pan de vida: el que viene a mí no
tendrá más hambre y el que cree en mi no tendrá
sed jamás” (Jn 6,35). El salmo prosigue: “y no se
marchitan sus hojas”. El que se nutre de la
Eucaristía renueva continuamente su vida
cristiana. Por ello se afirma “y cuanto emprende
tiene buen fin”.
El camino de los impíos
En contraposición al camino de la vida, el salmo
describe el destino de los que siguen el camino
del mal (“no así los impíos, no así”). El salmista
los compara con la paja que arrebata el viento.
Así aparece la contraposición entre el árbol
plantado al borde de la acequia y la paja
arrebatada por el viento. Seguidamente se nos
habla del final desastroso de los impíos en el
juicio. En el último verso el salmo hace como una
síntesis de la contraposición entre el camino de
la vida y el camino de la muerte:
«El Señor protege el camino de los justos, pero el
camino de los impíos acaba mal».
Aplicación eucarística
La sabiduría de la Iglesia en su liturgia hace una
aplicación del salmo al misterio de Cristo con la
siguiente antífona: “el árbol de la vida es tu
cruz, oh Señor”. En esta antífona está concentrada
la dimensión cristológica y eucarística del salmo.
El árbol de la vida es la Cruz del Señor. El que
pone su esperanza en la Cruz de Cristo, tiene
abierto el camino de la vida. La Eucaristía es
comer del fruto del árbol de la vida. El
Apocalipsis emplea la expresión “el árbol de la
vida” en la siguiente es promesa: “El que tenga
oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las
Iglesias: al vencedor le daré a comer del árbol de
la vida, que está en el Paraíso de Dios” (2,7)
Domingo Muñoz León
N.° 27/Abril - Junio 2008
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