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LA PALABRA DE DIOS EN LA VIDA
Y MISIÓN DE LA
IGLESIA
EL Papa Benedicto XVI ha convoca do la XII
Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los
Obispos a celebrar del 5 al 20 de octubre próximos
y después de consultar a todo el Episcopado de la
Iglesia Católica, a los Dicasterios de la Curia
Romana y a la Unión de los Superiores Generales ha
elegido como tema “LA PALABRA DE DIOS EN LA VIDA Y
MISIÓN DE LA IGLESIA”.
El estrecho nexo entre la Eucaristía y la Palabra
de Dios ha orientado la elección del tema. Después
del Sínodo de los Obispos sobre la Eucaristía,
fuente y culmen de la vida y de la misión de la
Iglesia, que tuvo lugar del 2 al 23 de octubre de
2005, parecía lógico concentrar la atención sobre
la Palabra de Dios en la vida y en la misión de la
Iglesia, profundizando el significado de la única
mesa del Pan y de la Palabra.
“La Palabra de Dios es viva y eficaz, más cortante
que espada de doble filo, penetrante hasta el
punto donde se dividen alma y espíritu coyunturas
y tuétanos juzga los deseos e intenciones del
corazón (Hb 4, 12)”.
Toda la historia de la salvación demuestra que la
Palabra de Dios es viva. Esta acompaña al hombre
desde la creación hasta el fin de su peregrinación
en la tierra. Ella se ha manifestado de varios
modos, alcanzando el punto culminante en el
misterio de la Encarnación cuando por obra del
Espíritu Santo, la Palabra que estaba junto a Dios
se hizo carne (cf. Jn 1, 1. 14). Jesucristo,
muerto y resucitado es aquel que tiene palabra de
vida eterna (cf. Jn 6, 68).
La Palabra de Dios es también cortante, Ella
ilumina la vida del hombre indicándole el camino a
seguir especialmente a través del Decálogo que
Jesús ha sintetizado en el mandamiento del amor a
Dios y al prójimo (cf. Mt 22, 37-40). Las
Bienaventuranzas (cf. Lc 6, 20-26) constituyen el
ideal de vida cristiana y vida en la escucha de la
Palabra de Dios que escruta los corazones
inclinándoles hacia el bien y purificándoles de
todo aquello que es pecaminoso.
La Palabra de Dios es además eficaz, además de los
patriarcas y profetas de modo totalmente
excepcional lo testimonia Jesucristo, Palabra de
Dios, encarnándose acampó entre nosotros (Jn 1,
14). El continúa anunciando el reino de Dios y
curando a los enfermos (cf. Lc 9, 2) a través de
su Iglesia. Ella continúa esa obra de salvación
por medio de la Palabra y de los sacramentos de
modo particular por la Eucaristía fuente y culmen
de la vida y misión de la Iglesia, en la cual por
la gracia del Espíritu Santo las palabras de la
consagración se hacen eficaces transformando el
pan en el cuerpo y el vino en la sangre del Señor
Jesús, por lo tanto, la Palabra de Dios es fuente
de la comunión entre el hombre y Dios entre los
hombres ama dos por el Señor.
Desde el inicio la Iglesia vive de la Palabra de
Dios, en Cristo, Palabra encarnada bajo la acción
del Espíritu Santo, la Iglesia es como un
sacramento, o sea signo e instrumento de la unión
íntima con Dios y de la unidad de todo el género
humano” (LG 1). La Palabra de Dios constituye
también el impulso inagotable de la misión de la
Iglesia orientada tanto a los que se encuentran
lejos como también a los cercanos obedeciendo al
mandato del Señor y confiando en la fuerza del
Espíritu Santo, la Iglesia se encuentra siempre en
permanente estado de misión.
“La palabra del Señor permanece eternamente y esta
es la palabra: La Buena Nueva anunciada a
vosotros” (1P 1, 25). La reflexión sobre el tema
sinodal se transforma en humilde plegaria para que
el descubrimiento de la Palabra de Dios ilumine
siempre mejor el camino del hombre en la Iglesia y
en la sociedad durante el peregrinaje, no pocas
veces tortuoso, de la historia mientras espera con
confianza “nuevos cielos y nueva tierra en la que
habita la justicia” (1P 3, 13).
El hombre contemporáneo muestra de muchas maneras
tener una gran necesidad de escuchar a Dios y de
hablar con él. Se advierte entre los cristianos un
apasionado camino hacia la Palabra de Dios con
fuerza de vida y gracia de encuentro del hombre
con el Señor.
Reconocemos en todo esto la acción del Espíritu
Santo, que a través de la Palabra desea renovar la
vida y la misión de la Iglesia llamándola a una
continua conversión y enviándola a llevar el
anuncio del Evangelio a todos los hombres “para
que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,
10).
Este Sínodo de octubre de 2008, en continuidad con
el precedente de 2005, desea iluminar el
intrínseco nexo entre la Eucaristía y la Palabra
de Dios, ya que la Iglesia debe alimentarse del
único “Pan de vida que ofrece la mesa de la
Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo”. (Dei
Verbum 21). Este es el fin primario del Sínodo,
encontrar plenamente la Palabra de Dios de
Jesucristo presente en la Escritura y en la
Eucaristía. “La carne del Señor es verdadero
alimento y su sangre verdadera bebida, es esto el
verdadero bien que es reservado en la vida
presente, alimentarse de su carne y buscar su
sangre, no solo en la Eucaristía, sino también en
la lectura de la Sagrada Escritura. En efecto, la
Palabra de Dios, que se alcanza en el conocimiento
de las Escrituras, es verdadero alimento y
verdadera bebida” (San Jerónimo).
El objetivo de este Sínodo es eminentemente
pastoral profundizando las razones doctrinales y
dejándose iluminar por ellas, se desea extender y
reforzar la práctica del encuentro con la Palabra
como fuente de vida en los diversos ámbitos de la
experiencia proponiendo para ello a los cristianos
y a cada persona de buena voluntad, caminos juntos
y cómodos para poder escuchar a Dios y hablar con
él.
Concretamente, el Sínodo se propone, entre sus
finalidades contribuir a iluminar aquellos
aspectos fundamentales de la verdad sobre la
revelación, como son la Palabra de Dios, la
Tradición, la Biblia, el Magisterio, que impulsan
y garantizan un válido y eficaz camino de fe y
defender la estima y el amor profundo por la
Sagrada Escritura haciendo que los fieles tengan
fácil acceso a ella; renovar la escucha de la
Palabra de Dios en el momento litúrgico y
catequetizar especialmente en el ejercicio de la
letra divina, debidamente adaptada a las di versas
circunstancias; ofrecer al mundo de los pobres una
palabra de consuelo y esperanza.
Siguiendo el ejemplo de la Virgen María, humilde
Sierva del Señor, el Sínodo deseará favorecer el
redescubrimiento pleno del estupor de la Palabra
de Dios, que es viva, constante y eficaz en el
mismo corazón de su Iglesia, en la liturgia y en
la oración, en la evangelización y en la
catequesis, en la vida personal y comunitaria.
Estas reflexiones están tomadas del Prefacio y de
la Introducción de los “Lineamenta” documento
dividido en tres capítulos: la Revelación, la
Palabra de Dios y la Iglesia; la Palabra de Dios
en la vida de la Iglesia y la Palabra de Dios en
la misión de la Iglesia enviado a las Conferencias
Episcopales, para que todos los Obispos respondan
a un cuestionario de cada capítulo; con las
respuestas recibidas confeccionarán el
“Instrumentum Laboris” el cual será usado como
orden del día en este Sínodo de los Obispos.
José Luis Otaño, S.M.
N.° 27/Abril - Junio 2008
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