NUESTRA PORTADA

 

EL 13 de abril la Iglesia celebró el Domingo del Buen Pastor y dentro de él La Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones.
Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; no como el asalariado que ni es verdadero pastor ni propietario de las ovejas. Este, cuando ve venir e/lobo, las abandona y huye. Y el lobo hace presa en ellas y las dispersa. El asalariado se porta así, por que trabaja únicamente por la paga y no tiene interés por las ovejas. Yo soy el buen pastor; conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mi, lo mismo que mi Padre me conoce a mí y yo lo conozco a El. (Jn 10, 11-15)
En este Evangelio se basa Murillo a la hora de documentar su trabajo, en el que el artista emplea a sus protagonistas principales: los niños, bien se trate de niños de la calle (como en Dos Niños Comiendo Uvas y Melón) o celestiales como en el caso de nuestra portada o los Niños de la Concha.
La figura del Niño Jesús se sitúa en un paisaje con una referencia arquitectónica al fondo y dirigiendo su mirada al espectador mientras sostiene la vara del pastor con su mano derecha y con la izquierda acaricia la oveja que también dirige la mirada hacia nosotros.
La composición se estructura con una pirámide característica del Renacimiento, mientras que la pierna y la vara se ubican en diagonal para reforzar el ritmo del conjunto. La atmósfera creada gracias a la iluminación y colorido recuerdan a la escuela veneciana, aportando el pintor una idealización de las figuras que no aparece en sus escenas costumbristas.
Bartolomé Esteban Murillo nació en Sevilla en 1617. Después de pintar dos grandes lienzos para la catedral de Sevilla, empezó a especializarse en los temas iconográficos que mejor caracterizan su personalidad: la Virgen con el Niño y la Inmaculada Concepción.
La caída de un andamio mientras decoraba la iglesia de los Capuchinos en Cádiz, le pro dujo la muerte en el año 1682.
Soñé que andaba a lo largo de una playa en compañía del Señor. En el cielo aparecían, una detrás de otra todas las escenas de mi vida. . Miré hacia atrás y vi en cada una dos pares de pisadas: unas eran las mías y otras las del Señor...
Miré hacia atrás y me di cuenta que en algunos sitios sólo había un par de huellas. Y eso correspondía a los días más difíciles de mi vida...
Los días en que has visto nada más que un par de pisadas, son los días de pruebas y mayores sufrimientos en que yo te llevaba sobre mis hombros.

(Ademar de Barros)
Alcázar


N.° 27/Abril - Junio 2008