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LA
EUCARISTÍA,
MISTERIO QUE SE HA DE VIVIR
ASÍ
titula Benedicto XVI a la III parte de su
Exhortación Apostólica Sacramentum Caritatis.
Antes nos ha hablado de la Eucaristía como
misterio que se ha de creer (parte 1) y como
misterio que se ha de celebrar (parte II). Sigue
así el esquema lógico del Catecismo de la Iglesia
Católica: la profesión de fe, la celebración del
misterio cristiano, la vida en Cristo.
El cristianismo no es una simple moral, unas
normas de comportamiento. Es primordialmente una
fe en un Dios Uno y Trino y de esa fe se sigue, en
consecuencia, un comportamiento, una respuesta del
hombre a un Dios que por amor nos ha creado para
hacernos partícipes de su vida.
Esto nos puede resultar obvio o muy sabido. Pero
es importante reafirmarlo cuando, a veces, se
puede reducir el cristianismo o cualquier otra
religión a una mera ética, fruto de circunstancias
o decisiones humanas y si son “democráticas”,
tanto mejor.
Pero lo importante para quienes creemos en Cristo
y en su Palabra, para quienes proclamamos y
celebramos el amor del Padre que se manifiesta y
se comunica en Jesús, lo importante es que esa fe
se llegue a hacer vida.
Nos recuerda el Papa que las palabras de Jesús «el
que come mi carne vivirá por mí» (Jn 6, 57) nos
permiten comprender «cómo el misterio “creído” y
“celebrado” contiene en sí un dinamismo que hace
de él principio de vida nueva en nosotros y forma
de la existencia cristiana» (núm. 70). «El nuevo
culto cristiano abarca todos los aspectos de la
vida cristiana transformándolos» (71) y está la
hermosa frase de S. Ignacio de Antioquia, quien
nos dice que los cristianos eran los que vivían
«justa dominicam vivientes», los que vivían según
el domingo. La Eucaristía dominical orientaba toda
la vida de los fieles. En esa vida, destaca el
Papa la importancia del domingo y la conexión con
otros aspectos de la vida: la espiritualidad, las
culturas y la profunda influencia de la Eucaristía
en la vida sacerdotal y en la vida consagrada.
N.° 27/Abril - Junio 2008
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